El potencial de las tecnologías digitales para mejorar la calidad y eficiencia de todas las actividades del Gobierno está bien establecido. Pero el progreso en la transformación digital del sector social se ha retrasado en América Latina y el Caribe (ALC), donde los datos disponibles suelen ser de baja calidad y se encuentran fragmentados en varios sistemas. Ahora, más que nunca, la región está tomando conciencia del poder de las tec – nologías emergentes para transformar las economías, las sociedades e incluso los aspectos más esenciales de la vida de las personas. A medida que esto ocurre, surge también la necesidad de reflexionar sobre cuestiones de ética, valores e impacto social. Es importante distinguir primero la transformación digital de la digitalización y de las tecnologías de la información. La transformación digital refiere al modo en que las tecnologías cambian las reglas de participación, así como a la mane- ra en que las personas trabajan, interactúan y piensan. La digitalización alude al uso de herramientas digitales para automatizar o almacenar información en formato digital sin rediseñar los procesos existentes. Por su parte, las tecnolo- gías de la información (TI) constituyen el conjunto de herramientas necesarias para la digitalización. Para entender mejor el poder de estos tres elementos en lo que se refiere a mejo – rar las políticas y la prestación de servicios sociales, es importante saber que, en promedio, US$1 de cada US$10 del PIB en ALC se gasta en estos últimos. Sin em – bargo, actualmente es difícil saber si en realidad cada ciudadano está recibiendo los servicios que le corresponden en forma oportuna, y si estos son de buena calidad. Además, se debe tener en cuenta que, dependiendo del momento de la vida en que se encuentre el individuo, los servicios que requiere serán diferentes, y que su prestación deberá ser coordinada y personalizada asegurando que el ciudadano está recibiendo los servicios que necesita, independientemente del sector de donde provengan. En tal sentido, la interoperabilidad de los sistemas de información y gestión de las instituciones del Estado cumple un papel esencial, pues sin ella no es posible tener servicios sociales punto a punto y de calidad. ALC adolece de deficiencias marcadas en materia de calidad y eficiencia, dos áreas en las que la transformación digital de servicios tiene un potencial signifi- cativo. Por ejemplo, en el campo de la prestación de salud, las tasas de eventos.

adversos en la región son de alrededor del 11% 2 en los hospitales y del 5% en la atención ambulatoria 3 . Si los países de ALC alcanzan los niveles de sus pares más eficientes, se estima que la gente podría vivir en promedio cuatro años más, incluso si se mantiene estable el gasto en salud pública. 4 Mejorar los factores sociales determinantes de la salud y cumplir con los Ob- jetivos de Desarrollo Sostenible requerirá un enfoque global, más allá de ga- rantizar la disponibilidad de servicios médicos. Considérese, por ejemplo, que entre el 80 y el 90 % de los factores que inciden en la salud no tienen que ver directamente con la existencia o no de tales servicios. El 40% está relacionado con el estatus socioeconómico, la raza y la educación del individuo. El tipo de alimentos que este consume, combinado con la cantidad de actividad física que realiza, el uso de tabaco y alcohol, y otras conductas de salud representan otro 30%. El entorno, la genética y el acceso a cuidados médicos constituyen un 10% adicional . Este panorama exige que se produzca un acoplamiento entre los datos relacionados con estas realidades y los referentes a atención médica, si se quiere mejorar la salud de las personas y de las poblaciones, así como las políticas y prácticas correspondientes. Aquí, como en muchos otros campos, la interoperabilidad de los sistemas de información y gestión también cumple un papel fundamental.

Qué se entiende por interoperabilidad 

La interoperabilidad de los sistemas de intercambio de información (SII) es, hoy por hoy, uno de los principales desafíos del desarrollo: constituye no sola- mente uno de los pilares más importantes de los proyectos tecnológicos, sino también de la transformación digital de los Gobiernos, especialmente en lo que tiene que ver con la prestación de servicios a la ciudadanía. En su sentido primigenio, por interoperabilidad se entiende “la capacidad de los sistemas de tecnología, información y comunicación (TIC), y de los proce- sos que estas soportan, de intercambiar datos y compartir información y cono- cimiento”. Esta definición, consignada en el Marco Europeo de Interoperabili- dad publicado en 2006 por la Comisión Europea, posteriormente fue adoptada en el “Libro blanco de interoperabilidad del Gobierno electrónico para América Latina y el Caribe” de 2007. En el contexto de su relación con las entidades, sus servicios y la ciudadanía, y de los beneficios que les pueda aportar, se propone la siguiente definición ampliada:

El éxito de la interoperabilidad de un SII depende de la presencia y uso de estánda- res de intercambio de datos, seguridad y mensajería ampliamente adoptados. Cuando se diseñan correctamente, los modelos de madurez proporcionan:

• un marco para imaginar el futuro, el estado deseado y el desarrollo de pla- nes de mejora;

• puntos de referencia para que la organización compare sus procesos inter – nos o externos;

• un método estructurado y ordenado comparativamente fácil de entender e implementar.

 

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